La visita a casas de productos lujosos suele ser estimulante debido a la gran variedad de contenedores. Los diseñadores se han alejado de lo tradicional presentando ideas innovadoras, por lo que es común encontrar perfumes contenidos en envases con forma de un zapato, una manzana o cigarrillo.

Los compradores, ya acostumbrados a que las marcas llamaran su atención con dichas estrategias, no reaccionaban con sorpresa. De modo que esta audacia ha desafiado sus propios límites con el objetivo de sacar al cliente de su zona de confort (herramienta que hace el pelo lacio).

Recientemente las marcas más prestigiosas del mundo han optado por crear una fuerte contradicción entre el empaque y su contenido, como por ejemplo verter un perfume dentro de un envase de cloro, dando paso a ese dicho de que no se puede juzgar al libro por su carátula.

La apariencia sí importa

Esta acción podría juzgarse como una simple excentricidad si no se le adjudica la adecuada importancia a la apariencia. Desde el año 1860 se empezaron a empaquetar los productos, en este momento el envoltorio solo se utilizaba con fines prácticos, es decir, para garantizar una óptima protección a lo que se hallaba dentro.

Cuando se superaron los obstáculos de la conservación del artículo, los empresarios iniciaron una búsqueda que iba más allá del fin obvio. Se dio paso al estudio de los posibles mecanismos de mercado que se podrían generar a partir del empaque, y de allí surgió una competencia férrea por la confección del mismo.

La representante de la corporación especializada en mercadeo Brain Investigatios, Sonia Montealegre, afirma que el tema del envoltorio es un aspecto de suma relevancia a la hora de lanzar cualquier producto al mercado. De hecho, se han desarrollado técnicas basadas en la neurociencia y el magneto tecnología para medir el impacto del diseño en los compradores.

Las últimas excentricidades

Jeremy Scott Moschino se ha tomado muy en serio esta tendencia arrojando un guiño irónico a sus más fieles compradores. Este diseñador colocó su más reciente fragancia en un envase rociador que cualquiera podría usar como herramienta para la limpieza cotidiana.

Con este gesto el producto se eleva a la calidad de una obra de arte porque transmite una idea de rebeldía y estridencia, pero también captura miradas.

Meia Duzia es una marca de productos culinarios que envasó papillas de fruta en tubos de óleo. Curiosamente el director de Brain Investigations, Eusebio Niño, fue una de las víctimas de esta treta. Niño afirma haber vivido una experiencia sensorial, porque cuando era joven pintaba al óleo. La conmoción traspasaba las fronteras de la tienda y todos terminaron comprando al menos un ejemplar para llevarlos a casa (tenacillas de pelo).

Los casos se han incrementado vertiginosamente pudiéndonos topar con jugos vendidos en bolsas de sangre o preservativos de distintos sabores contenidos en paquetes de jugo. Una de las ideas más curiosas fue de la marca The Deli Garage, que lanzó un queso parmesano de edición especial en forma de lápiz con un sacapuntas incorporado para facilitar el corte de las más finas lajas de queso.